Carta al mundo que me pide que desconfíe
No quiero endurecerme. No quiero volverme fría, ni descreída. Ya sé cómo funciona el juego, ya escuché mil veces que “son todos así”, que es mejor no esperar nada para no decepcionarse. Pero no puedo. No quiero vivir esperando lo peor. No quiero acostumbrarme a los silencios después del beso, a los mensajes que se apagan sin motivo, a las miradas que no sostienen lo que dicen. Sigo creyendo, aunque duela, aunque me tachen de ingenua. Porque la fe en el amor no se negocia, se cuida. Y la ternura no es debilidad, es mi acto más valiente. Hoy elijo proteger mi fe, no mi miedo. Mi sensibilidad, no mi coraza. Porque si el mundo me pide que desconfíe, yo elijo seguir confiando, aunque me tiemble el alma.