Equilibrando a la niña y la adulta en mí

Desde mi niña adorable, caprichosa, juguetona y gruñona he conseguido muchas cosas.

Pero ha llegado un techo que romper, un límite que cruzar, una decisión que tomar.


No quiero renunciar a ella.

A su locura, su espontaneidad, su magia.

Solo quiero estar en equilibrio con la niña y con la adulta.


Porque mi niña es fantaseosa, puede vivir en su imaginación, en sus sueños.

Quiere estar siempre en una película.

No baja los pies a la tierra porque se aburre, porque le duele el dolor de la humanidad.

La realidad la abruma, no la entiende.

Entonces prefiere escapar a su mundo de ilusión.


Pero hay momentos en que tiene que aterrizar, 

dar un paso a la vez para ver sus sueños en la realidad…

y no puede.

Desobedece, se rebela, porque la realidad le priva su libertad.

Porque todo es más lento, más pesado, más incómodo.

Entonces se deprime, pierde las ganas, la voluntad.

Ella solo quiere amor. Ella solo quiere jugar.


La realidad y la adulta son incómodas.

Tomar decisiones que cambian todo es incómodo.


Y sin embargo…

Las niñas no administran dinero, no tienen sexo, son dependientes.

No toman decisiones, no planifican, no son estratégicas.

Necesitan que alguien más las cuide.

Son traviesas, rebeldes, consentidas.

No se comprometen, no sostienen.

Se dejan llevar solo por las ganas.


Y ahí aparece la adulta.

La que tiene concsiencia de ir un paso y un dia a la vez.

La que decide, organiza, hace un plan, sostiene y construye.

La que transforma un sueño en realidad.

La que camina con estrategia, visión y fortaleza.



Me tengo que elegir.

Y claro: la niña espera que la elijan.

La adulta se elige.

Mi adulta elige a mi niña.

Se compromete a cuidarla, no a retarla.

A tratarla con amor, para que confíe en ella.

Para poder ayudar al alma, al ser, a lograr su misión en esta vida.


Los comportamientos infantiles no me llevan a ninguna parte.

El equilibrio sí.


Hoy elijo no abandonar a mi niña,

pero tampoco dejar que me gobierne.

Hoy elijo el encuentro:

el juego y la estrategia,

la fantasía y la constancia,

la magia y la dirección,

la risa y la responsabilidad.


Porque cuando ambas conviven en armonía,

yo florezco.

Mariela Rindone

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